El plan verano: ¿ante un sistema de contrafuerzas? - EuroBlue
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El plan verano: ¿ante un sistema de contrafuerzas?

En física se habla de contrafuerzas aludiendo a factores que contrarrestan determinados efectos (por ejemplo, la radiación proveniente de campos electromagnéticos). Se tendría algo así como un sistema de contrafuerzas. Análogamente, esta última noción podría aplicarse al curso que se le abre al Plan Verano –PV–.

En principio, éste entraría en una fase culminante, la del tercer trimestre “largo”. Si en su arranque el PV logró conjurar la impresión –en medio de fuertes ruidos cambiarios– de un pronto colapso, pasando luego a una morigeración inflacionaria y a la normalización relativa de la actividad económica, ahora correspondería “ir por más”, robusteciendo la demanda interna –franca expansividad fiscal y las resultas de los ajustes recaídos en las paritarias–, de modo de intensificar la marcha de la actividad, suponiendo que ésta no se verá limitada por una ruda falta de divisas (aquí debería jugar la mejora acaecida en las reservas brutas). Con lo cual operaría una trayectoria dotada de un grado de virtuosismo.

Esta etapa que, comparativamente, sería de “clímax”, encajaría con el objetivo de llegar hasta las elecciones sin traumatismos serios y presentando una fachada económica superior a la de 2014. Como siempre dijimos el PV, en sí, es un esquema de tránsito, muy apegado a aquel objetivo. No está en su lógica, por ejemplo, abordar los serios desequilibrios de orden macroeconómico existentes. Lo que habría que ponderar es si, en esta fase tan sensible, no surgirán determinadas tensiones capaces de proyectar ciertas irritaciones sobre aquella trayectoria. Todavía más: se abriría el interrogante de si las mismas causales que explican, digamos, el éxito del esquema hasta la fecha, no son también las que podrían alentar las tensiones de marras.

¿Sistema de contrafuerzas?

Probablemente facilite la comprensión del párrafo anterior el recordar que el tinglado básico del PV apunta a estimular la demanda interna en consonancia con una situación de severo retraso cambiario real a la que la institucionalización del ancla cambiaria de inflación ayuda a reproducir y, por qué no, a ampliar. Precisamente, el ancla cambiaria, con la carga de operar como resorte antiinflacionario relativo clave, funge como posibilitante crucial para instigar aquella estimulación.

Repasemos algunas de las vicisitudes de 2014. Concluyéndose que el enfoque de 2012/13 –despreocupado por generar dólares y centrado en tapar focos de demanda de divisas y en el panegírico del cepo cambiario–, no daba para más, se aplicaron ciertas correcciones de política. Por ejemplo, se hizo un ensayo por el lado del tipo de cambio, acelerando primero las minidevaluaciones y rematando luego en una depreciación discreta. Sin un encuadre integral, el ensayo fue un fiasco: terminó frustrado el objetivo de mejora de la paridad real y se complicó adicionalmente el estado global  de la economía. Por el lado del frente financiero externo se retomó la hoja de ruta enunciada a finales de 2009 y se resolvieron algunos hitos litigiosos de ese frente; el avance se frenó con la eclosión del affaire Griesa-buitres. A su vez, con un gasto público que seguía empujando, requiriendo asistencia monetaria, el Banco Central –tasas de interés significativas de por medio– aplicó una decidida política de tipo “segunda vuelta” –absorción monetaria–, que desaceleró el ritmo de la base monetaria en varios puntos porcentuales.

Lo que hace el PV es ratificar la política expansiva del gasto público (con déficits en suba), calzando ahora la dominancia fiscal con una política monetaria más laxa, lo que se refleja en el curso de diversas variables monetarias. Y se canoniza de modo resuelto el rol del cambio nominal como ancla (lo que vendría a reemplazar a la anterior pauta “más monetarista” de control relativo de la inflación a través de la fuerte absorción  monetaria). Quedando pendiente el encuadre del sector externo, dada la pauta de ancla cambiaria, confirmatoria, de hecho, de la sobrevaluación real (con su reverso de variables económicas obesas en valor dólar).

En aquél jugaron tres factores relevantes:

– Los resortes de tipo “policial–control”,

– La aceptación de la continuidad de las altas (en tendencia) tasas de interés nominales para contar con tasas altas en dólares, y

– recurrir a un menú de mecanismos aportantes de dólares por la cuenta capital, ayudando –junto con otros expedientes– a reforzar las reservas brutas y a mantener, aunque alta, sí, estable, a la brecha cambiaria. De esta manera se cimentó una cierta pax externa (aun con el litigio con los buitres “supurando”), pudiéndose avanzar en la mejora de las condiciones de la demanda interna, influyendo especialmente al respecto la aludida pauta cambiaria.

De todas maneras, es crucial para un esquema como el citado el horizonte de sostenibilidad que proyecte, sobre todo cuando pueden comenzar a gravitar expectativas anticipatorias, no extrañas en instancias preelectorales. Y, en este punto, no pasa desapercibido que, así como la pauta de ancla cambiaria hace el aporte funcional especificado, también es verdad que repercute molestamente en términos de paridad real, algo negativo en cuanto a la generación de divisas.

A su vez, más allá de lo comicial, o mezclado con ello, adviértase que, teniendo aún por delante vencimientos no subestimables, el Gobierno no ha fijado todavía una perspectiva de disponibilidad de dólares definida para el segundo semestre, como sí la tuvo para el primero. Asegurando el calce (en divisas) entre la atención de aquéllos y el respaldo de la reactivación deseada (más algunas filtraciones), con una nula o mínima pérdida de reservas. Ante la suma de elementos no sorprende que los “terceros” mercados atisben una cierta inquietud.

El temor, claro, es que el fenómeno crezca y medren las presiones hacia los cambios de portafolio. Perfilándose la amenaza de una contrafuerza con respecto a la pretendida marcha virtuosa del PV. Una primera reacción oficial es apelar a las medidas de control y vigilancia sobre aquellos mercados. Pero no se descarte que esto pudiera avivar susceptibilidades. Quizás convenga al Gobierno trabajar sin demora sobre una opción más de fondo que, como es obvio, remite en gran parte a la búsqueda de más dólares financieros, lo que hoy no luce muy fácil (con la dupla buitres-Griesa que sigue haciendo de las suyas). El hecho es que, en un momento tan sensible, el PV se ve expuesto a un sistema de contrafuerzas.

Fuente: http://www.diariobae.com/notas/86743-el-plan-verano-ante-un-sistema-de-contrafuerzas.html

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