La dama de la Bolsa - EuroBlue
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La dama de la Bolsa

A punto de cumplir 100 años, Irene Bergman está en edad de dar consejos para sobrevivir en la jungla de valores de Wall Street. Resume: no hagas estupideces. Bergman, de 99 años, es asesora financiera en la firma Stralem Co., donde trabaja desde 1973. Ser una de las profesionales más longevas en actividad, y en un sector dominado por hombres a los que dobla en edad, le ofrece una perspectiva infrecuente.

Nacida el 2 de agosto 1915, Bergman ha sido invitada a tocar la campana que abrirá una sesión de Wall Street. Será una de las personas de más edad que tendrá ese honor en la historia de ese cenáculo que tiene más de 198 años. Su cumpleaños cae en domingo, así que habrá que trasladar el homenaje, y la fecha todavía no está fijada pero Bergman ya lo celebra. “Es un honor que nunca hubiera esperado”, confiesa.

A la hora de evaluar los rendimientos de una inversión, esta asesora de Bolsa llama por teléfono a sus clientes, según explica en su departamento de Nueva York, rodeada de cuadros de maestros holandeses. Apunta que aunque muchos inversores se obsesionan con obtener ganancias rápidas, es mejor esperar como mínimo tres años, o incluso más, antes de evaluar las participaciones en empresas. Pero tampoco hay que tener miedo a revisar tus propias tesis, señala. Si una investigación a fondo recomienda un cambio de cartera, es necesario tener valor y cambiar. “Cuanto más tiempo se lleva en el negocio, más pesimista se vuelve una”, explica Bergman con voz suave, y agrega que considera que las acciones están ahora demasiado caras. No obstante, “también puedo volverme alcista ya que, cuando miro una acción, puedo imaginarme dónde estaba hace cuarenta años”, reseña.

Recuerda las pequeñas firmas privadas fundadas por judíos alemanes del siglo XIX, que posteriormente definieron Wall Street, hasta que su modelo de asociación dio paso a las cotizaciones en Bolsa imponiendo una presión cada vez más feroz por ganar.

“La forma de hacer negocios cambió –considera–. Ahora todo es mucho más competitivo.” Los invitados al departamento de Bergman en el centro de Manhattan, donde vive desde hace más de 60 años, pueden elegir entre tomarse un vodka o un whisky sentados en muebles fabricados en Europa antes de la Segunda Guerra Mundial. Los sillones franceses Luis XV están vetados por celo y costumbre.

Cuatro asistentes personales atienden sus necesidades las veinticuatro horas, y recurre a sus colegas en Stralem, con sede en Nueva York, incluido el presidente Hirschel Abelson, cuando necesita realizar una investigación sobre determinados títulos y valores. Nunca se casó y no tiene hijos, pero sí una perra maltesa llamada Fanny.

“Las mujeres no eran muy populares en Wall Street”, recuerda de sus principios. En 1973 recaló en Stralem, a donde finalmente sintió que pertenecía. “Fue el primer lugar donde me trataron como una igual”.

En Stralem tiene a su cargo activos por casi u$s2.000 millones y maneja una estrategia centrada en identificar acciones “de primera” y “baratas”. Administra dinero para entidades y cuentas individuales, de las cuales once son suyas.

Bergman, que dejó de visitar la oficina en diciembre y cumple 100 años en agosto, atribuye su longevidad a sus buenos genes, no a una dieta especial. Asegura que logró una buena forma física montando caballos de doma hasta que cumplió 80 años y que se mantuvo mentalmente fuerte renunciando a su jubilación. Habla con colegas de Stralem diariamente y atiende a algunos clientes cada semana.

Su cautela se ha traducido en clientes leales, según Philippe Labaune, jefe de operaciones de Stralem, que señala que en casi veinte años en la empresa nunca la ha visto perder una cuenta, aunque algunas se cancelaron cuando sus dueños murieron. Ella sigue en carrera.

Fuente: http://www.diariobae.com/notas/86371-la-dama-de-la-bolsa.html

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